AMELIA EARHART

"El deseo íntimo de sobrevolar el Atlántico sola no era algo nuevo para mí. Antes ya había afrontado otros Atlánticos. Todo el mundo tiene su propio Atlántico que conquistar. Cualquier cosa que queramos hacer de verdad, contra la opinión de los vecinos y el llamado "sentido común", es un Atlántico... Sobrevolé el Atlántico porque lo deseaba... Deseaba con todo mi alma hacer algo por el acto en sí, disfrutar haciéndolo, concentrar en ello todas mis energías; eso no es sólo la mejor garantía de éxito, sino también ser fiel a uno mismo".


Amelia Earhart

 

A mucha gente no le sonará el nombre de esta mujer valiente, atrevida y adelantada a su tiempo. Otros la ven como una norteamericana sin más, por aquello de que los norteamericanos tienden a exagerar en lo que se refiere a sus compatriotas. Pero, este personaje es diferente, ya que marcó un hito en la historia de la aviación y en la capacidad que tiene una mujer para afrontar retos.


Nos remontamos al año 1897, fecha en la que nace Amelia Mary Earhart en Atchison (Kansas). Primogénita de una familia con solvencia económica, ya que su padre ejercía la abogacía, que en aquellos tiempos daba bastante dinero, y su abuelo era una de las personas más influyentes del estado de Kansas. Con estos precedentes, no es de extrañar que tuviese una buena educación en un colegio privado. Como tampoco es oro todo lo que reluce, la situación que en un principio era buena se fue torciendo, su padre fracasó como abogado privado y encontró un nuevo trabajo en una Compañía de Ferrocarriles, esto supuso el principio del fin de la unión familiar, ya que le dio por la bebida y como consecuencia llegó el despido. Por esta razón, su madre optó por la separación y aunque la situación económica no fuera muy buena, decidió que la educación seguía siendo importante para sus dos niñas, Amelia y Muriel (dos años más pequeña), y siguió sufragando los gastos de los colegios privados.

 

En 1917, Amelia decidió entrar como enfermera voluntaria y de esta forma ayudar a los soldados que caían heridos durante la Primera Guerra Mundial. Una vez terminada la guerra entró en la Universidad de Columbia para intentar estudiar medicina, pero desistiría.


Y llegó uno de los días más importantes de su vida, sería por los años veinte cuando asistió junto con su padre a una exhibición aérea en Daugherty en Long Beach. Ahí empezaría a fraguarse la leyenda y a cumplir uno de sus sueños de niña, subir a un aeroplano. Tanta fue su pasión que pronto empezó a tomar clases de vuelo. Compró su primer avión, un Kinner que lo apodó "el canario"; aunque en sus inicios como en casi todas las cosas que nos dedicamos a lo largo de la vida, estuvieron salpicados de accidentes.

En 1922 ya era una experta de la aviación, aunque todavía era muy joven, empezó a batir marcas: fue la primera mujer en establecer una record de altitud (unos 14.000 pies), aunque poco más tarde sería superado.

 

Ella desempeñó varios puestos de trabajo, fue trabajadora social y administrativa en 1925. Se unió a la división aeronáutica de Boston, y empezó a ser muy popular debido a los constantes reportajes que se hacían sobre ella y sus vuelos en los periódicos.
En 1926 le propusieron ser la primera mujer en volar el Atlántico, pero este vuelo aunque le dio mucho prestigio, ella era sincera y decía que no tenía ningún mérito, ya que sólo iba de pasajera y no pilotaba el avión.

Sus ganas de superarse, le hicieron surcar los aires de Estados Unidos desde el Atlántico hasta el Pacífico sola, en 1928. Inició una serie de conferencias y publicaciones casi siempre referidos a su travesía por el Atlántico.
En este caso, se puede decir que detrás de una gran mujer hay un buen hombre para animarle, este no era otro que George Palmer Puttman, editor de Nueva York y uno de los promotores de su primer vuelo transoceánico, con el que se casaría en 1931.

Y llegó el día en que por fin se podría sacar la espina clavada del vuelo Atlántico, no era otra que surcar el océano sola en un Lockheed Vega. Nadie había tenido éxito en esta trepidante aventura desde el archifamoso aviador Charles Augustus Lindbergh (primer piloto en cruzar el Atlántico sin escalas). Pensemos que este vuelo en aquella época era muy pesado y duro, pues eran muchas horas de vuelo. Había conseguido batir muchos records, gracias a esta hazaña: primera mujer en volar sola en el Atlántico, la única persona en cruzarlo dos veces, la distancia más larga hecha jamás por una mujer y cruzar el océano en menos tiempo que nadie (13 horas 30 minutos). En Estados Unidos desde aquel día se le conocería por "Lady Lindy".

Pero ella ambicionaba más, era tal el amor que sentía por el cielo y de ver el mundo a vista de pájaro, que siguió poniéndose retos y consiguiéndolos, como el de Hawaii - California. Era importante contar sus vivencias y su experiencia en los viajes, por lo que siguió dando conferencias y promocionando la aviación entre las mujeres.
Amelia después de tantos éxitos, quería dar la vuelta al mundo en un Lockheed Electra 10 E, siguiendo más o menos el ecuador. Nadie en la historia aeronáutica hasta aquellos momentos había afrontado empresa tan complicada. Ella necesitaba para tal empresa a un navegante experimentado, y optó por Fredrick J. Noonan, un gran conocedor del Océano Pacífico. Pero, tuvieron un pequeño accidente que provocó un retraso, y por lo tanto, un cambio de planes. La nueva ruta que se marcarían sería de Oeste a Este y no de Este a Oeste; salieron de Florida, haciendo escalas en Puerto Rico, África, India y Nueva Guinea.


Después de recorrer 41.000 kilómetros sobre el Pacífico y a falta de 12.500 de avistar tierra americana, su Electra desapareció y jamás se encontró, y eso que hubo una de las más extensas búsquedas que se recuerdan, organizada por la armada norteamericana.


Su leyenda cubrió de gloria a todas las mujeres del planeta, su gallardía y su lucha por la superación de una misma en un campo como la aviación dominado por los hombres. Todavía es el día de hoy que se recuerda a Amelia Earhart surcando el cielo en su Lockheed Vega atravesando el Atlántico, como el ave solitaria que se pierde en el crepúsculo teñido de contrastes azules y dorados.

Para saber más:

"El último vuelo" de Amelia Earthart (editado por George Palmer Puttman).

www.ellensplace.net

www.ameliaearhartmuseum.org