Mariana nació el 1º de Septiembre de 1804 en Granada, segunda hija sobreviviente de Ma. de los Dolores Muñoz y Bueno, de Lucena, Córdoba, plebeya, y de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío, retirado, de Guatemala, noble; y murió asesinada en garrote vil el 26 de mayo de 1831, por el verdugo José Campomonte, poco antes de cumplir 27 años, viuda, con dos niños pequeños.
Sus padres no estaban legalmente casados, porque la condición de noble de su padre no lo permitía, y entre 1804 y 1805, sus padres litigaron por la herencia. Antes de morir en 1805, el padre testó a favor de Mariana a quien reconoció como hija natural, y nombró tutor y curador a su hermano José. Su madre desapareció de su vida al agotarse sus posibilidades de percibir siquiera una parte de los bienes de don Mariano.
José de Pineda era ciego, de 47 años al hacerse cargo de su sobrina. En 1806, cuando Mariana tenía 2 años, decidió casarse con una prima suya, menor de edad, que no quería criarla. Fue un matrimonio arreglado por la madre de la novia, para restablecer su situación económica. Don José murió en 1812, y en su testamento ordenó cumplir con las decisiones judiciales sobre la herencia paterna de la niña.
Mariana inició su activismo político en 1824, un año después del fallecimiento de su esposo, Manuel de Peralta y Valte, militar retirado, liberal, padre de sus dos hijos, José María y Úrsula María. Asistía a las reuniones de liberales, conseguía los pasaportes falsos, mantenía y distribuía la correspondencia bajo nombres falsos con los exiliados en Gibraltar, y entre éstos y los presos en la cárcel de Granada, a quienes asistía a diario...Parte de las tareas de inteligencia estaban a su cargo.
Tuvo un nuevo proyecto matrimonial con Casimiro Brodett y Carbonell, de 26 años, destacado militar liberal, pero los tribunales no lo purificaron. Entre 1825 y 1827, Mariana se ausentó de Granada. En 1829, lo impurificaron nuevamente, y en 1830 se asiló en Cuba, retornó a España en 1834 y se incorporó al Ejército hasta su muerte en servicio, en 1837. Aun se desconocen por qué no pudieron casarse.
Antes de que Ramón Pedrosa y Andrade llegara a Granada, Mariana y su criado, Antonio Burel, fueron procesados por primera vez por causa de infidencia, delatados por Romero Tejada, preso en Málaga. Merced a su defensor, sobre Mariana no recayó sentencia alguna. Pedrosa intentó reactivar la causa, sin éxito.
En 1825, Fernando VII nombró a Pedrosa Alcalde del Crimen de la Real Chancillería de Granada. Fue el Juez que la condenó a muerte por garrote, y su nombre, sinónimo de fanatismo, intolerancia y tiranía. Estaba enamorado de Mariana, quien lo rechazó, y la sentencia a muerte estuvo relacionada con ésto.
En 1828, Mariana organizó la fuga de la cárcel de Granada de su primo y amante, don Fernando Alvarez de Sotomayor, 33 años, militar liberal, activo conspirador. Procesado y sentenciado a pena de muerte en 1827, se fugó disfrazado de fraile, y días después, huyó a Gibraltar. La policía requisó la casa de Mariana sin probarle nada, la rodearon de espías, y el alcalde de la cárcel de corte fue depuesto.
Ese mismo año, Mariana se mudó a la casa que habitó hasta su muerte, ubicada a pocos metros de la campiña granadina, donde vivía con su hijo, un criado y dos criadas. En 1929, murió su tutor; doña Úrsula se mudó con ella y nació su tercera hija, Luisa, hija de don José de la Peña y Aguayo, señorito andaluz. Mariana la reconoció como hija natural, la confió a un ama, y se complicó aun más su situación económica. Intentó vender dos propiedades heredadas, cobrar los réditos adeudados, y los bienes heredados por su hijo. A comienzos de 1831, tras el fracaso de los alzamientos de Torrijos y Manzanares, ordenó interrumpir el bordado de una bandera masónica, a enarbolarse en un inminente alzamiento liberal. Pedrosa sospechaba de Mariana, y por azar, por una delación, logró iniciarle proceso por causa de infidencia.
El 18 de marzo de 1831, en un reconocimiento en su casa, hallaron la bandera y los letreros, que doña Úrsula trató de esconder infructuosamente. Quedaron bajo arresto domiciliario con vigilancia policial durante 9 días, cuando las trasladaron al Convento de Sta. Ma. Egipciaca. Mariana intentó fugarse sin éxito. Desde el inicio del proceso Pedrosa le insistió conque delatase a sus cómplices a cambio de indulgencia, pero estaba consternado frente a su mutismo. Mariana permaneció en el Convento hasta el 24 de Mayo, cuando la trasladaron a la Cárcel Baja para ajusticiarla el 26cia, don Francisco Tadeo Calomarde, quien adoptó medidas urgentes y remitió la resolución real, que ascendió a Pedrosa a Alcalde de Casa y Corte, puesto ocupado por don Andrés Oller, liberal amigo de Mariana, designado fiscal en la causa. El ascenso otorgó poder a Pedrosa para condenarla a muerte. El proceso duró 2 meses. Su defensor, don José Ma. Escalera, tuvo 24 horas para estudiar el caso y preparar el escrito. Le negaron la posibilidad de apelación y le formularon un cargo falso que nunca conoció. El 26 de Abril, le notificaron el fracaso del litigio por la herencia paterna y al mismo tiempo, la sentencia a pena de muerte suscrita por Oller, fundada en el art. 7º del Decreto del 1 de Octubre de 1830, tras 4 días de juicio. Fernando VII firmó la sentencia de muerte que llegó a Granada a fines de Mayo. Oller fue destituido poco después y rehabilitado en 1833, cuando depusieron a Pedrosa.
El 24 de Mayo la trasladaron desde el Beaterio de Sta. Ma. Egipciaca a la Cárcel Baja. Pedrosa temía una rebelión popular. Allí estuvo 2 días, hasta su ejecución en el Campo de Triunfo de la Inmaculada. En la cárcel le notificaron la sentencia, pero no declaró. A su confesor le expuso su estado patrimonial y la situación de sus hijos. Le confiscaron todos los bienes y Pedrosa inutilizó las cartas para su hijo y su tío, presbítero. La ejecutaron el 26 de Mayo por la mañana. La trasladaron al cadalso en mula por su origen noble. Iba un nutrido grupo de funcionarios de justicia, sacerdotes y militares. Todas las desembocaduras del Albaicín estaban llenas de mujeres, que lloraban ante su entereza. Llegaron refuerzos de tropa presintiendo un amotinamiento. Hubo un complot preparado para salvarla y matar al verdugo, que falló a último momento. La enterraron en el cementerio de Almengor. Esa noche, dos figuras de negro ingresaron al cementerio y clavaron una cruz en la tumba innominada de Mariana.
Este caso representa todas las formas de Violencia Contra la Mujer y Contra la Niñez ejercidas por la sociedad granadina. Todas las mujeres y todos los niños/as granadinos/as, sin distinción de clase social, estaban atravesados por formas específicas y transversales de Violencia. Específica en tanto forma de dominación por género, en las mujeres, y por colectivo etáreo, en los niños, quienes dependen del mundo adulto para poder subsistir, tanto en lo psicológico-afectivo como en lo biológico, económico y social. Debido a esta dependencia, se establecen complejas relaciones afectivas entre niños y adultos y estrategias de supervivencia infantil: Los mismos adultos que los crían y dicen amarlos, son quienes luego los maltratan. Pero el maltrato contra niños y mujeres puede adoptar distintas formas, dirigidas a generar sometimiento, pérdida de la voluntad, resignación y desvalimiento.
Los hijos de Mariana quedaron desvalidos por el asesinato de su madre. Úrsula Ma., la mayor de las niñas, falleció tiempo después que su padre y a la muerte de su madre, de haber vivido, hubiera tenido 9 años. En 1831, su hijo mayor, José Ma., tenía 10 u 11 años, y la menor de los tres, Luisa, apenas dos. La violencia ejercida contra sus hijos fue Ideológica, estaba legitimada en la escala de valores de esa sociedad. Moral, puesto que por su ascendencia noble, no pudo criar a Luisa, su hija natural. Política, porque las consecuencias del proceso, se extendieron a su hijo, quien, desde 1837, cuando comenzó a servir en el Estado, estuvo 8 veces vacante, por los cambios en el gobierno, hasta que en 1856 las Cortes Constituyentes le concedieron una pensión. Psicológica, porque quedaron sin afectividad ni contención. Económica, porque todos los bienes de Mariana y sus hijos, fueron confiscados. José Ma. quedó a cargo de su curador, don José Garzón y Berrueso, párroco de Ntra. Sra. de las Angustias, confesor de Mariana, quien le gestionó una plaza efectiva de subteniente en la 5ª compañía del 3º batallón del Regimiento de África 7º de línea, y falleció sin dejar descendencia, alrededor de 1895. No queda claro en la obra de A. Rodrigo, quién quedó a cargo de Luisa ni dónde vivió entre 1831 y 1836, a partir de cuando vivió en la casa de su padre. Pasaron 6 años hasta 1837, cuando con 8 años, el Ministerio de Hacienda le concedió 69 reales anuales de pensión, hasta que contrajese matrimonio, cuando le entregarían una dote equivalente a ocho anualidades. En 1846, Peña y Aguayo la reconoció como hija, cuando ésta ya tenía 17 años, esperó todo ese tiempo para asumir su paternidad, y transcurrieron 6 años más hasta 1852, cuando la instituyó heredera de todos sus bienes, para reconocerle su derecho. Luisa se casó con don José Valverde y Orozco, tuvo dos hijos, José y Dolores Valverde y Peña y murió de tuberculosis en Francia, a los 25 años.